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9 de Mayo de 2006

Irrealidad nacional

El Parlamento de Andalucía, es decir, la gente a la que le pago con mis impuestos, ha decidido que formo parte de una realidad nacional, más o menos igual que otras realidades y espejismos en las que unos representantes legales de los ciudadanos deciden que sus pagadores son barrio, comarca, provincia, comunidad, autonomía, región, país, nación, nacionalidad, patria, patraña o lo que quieran ser o lo que les salga a ellos de los huevos, que es al final lo que cuenta.

Chiste de Idígoras y Pachi, El Mundo

Porque del precio de los pisos, o los escándalos inmobiliarios, de los miles de millones de beneficio de los bancos, del ridículo que hacemos cada vez que abrimos la boca en la tele, de los ricos y los pobres, de los analfabetos, de los parados o los que no tienen donde caerse muertos, de eso no hablan. Definirse en conjunto, eso sí. De hacer el payaso, de los contratos temporales, del racismo, de la incultura, de eso no habla el estatuto nacional. Y eso que hay andaluces que valen la pena, gente normal, trabajadora, sincera. Normalmente no salen en los programas mezclados con los Morancos ni con Jesulín, están a otra cosa.

Me importa una mierda si, por decreto, soy andaluz nacional o español nacional o madagascareño o ruteño o subnormal o directamente apátrida, que es lo que merecía Uno ser en esta mierda si tuviera dos dedos de frente.

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