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22 de Junio de 2004

El ruido y las nueces (o El ruido y la furia, o El orgullo y la pelota)

Hace mucho tiempo que no hablo de fútbol, es decir, de la vida, como decía Albert Camus, que jugaba de portero en su juventud argelina y afirmaba que lo poco que conocía de la humanidad lo había aprendido jugando al balompié.

No quiero que se entienda esta nota como la última moda ésta que consiste en dividir el mundo entre la élite intelectual que considera todo el deporte la manifestación rancia del sentido gregario y borreguil (no social) del ser humano, siempre prestos a ser engañados y distraídos por el poder político a base del pan y circo del que hablaba hace veinte siglos Juvenal, y por otro los que consideran que el deporte es algo inofensivo y sano, tan sano como Ben Johnson, por ejemplo. Tampoco me apunto ahora al carro de los hipócritas y belicosos comentaristas políticos tipo Jiménez Losantos que arden en furia y ardor nacional, piden cortar cabezas del otro nacionalismo y que dicen que Expaña no tiene ningún futuro sin 'cohesión nacional' tipo Reyes Católicos o Franco, como demuestra el fracaso de la selección furbolera en los campeonatos mundiales o europeos o panmunicipales que se celebran ahora en Portugal, y luego ven los partidos exactamente igual que un hincha gritón, y espitoso, pintorreado hasta el culo, sintiendo por sus venas el fulgor de cada balonazo como venganza por las pasadas afrentas políticas, cada jugada como si fueran Pichichi o Pichurri o Kempes, manejados por el dictadorzuelo de turno, que les aplaude desde el palco y luego les dice: "Tu país te está muy agradecido".

Futbolistas oyendo himnos

Pero está claro que detrás de estas demostraciones de poder de las instituciones deportivas hay algo más, que no se puede explicar con una simple comparación histórica. Está claro que Jesús Gil jamás habría sido personaje político y alcalde de una ciudad sin pasar antes por la presidencia del Atlético de Madrid y sin salir todo los días en los telediarios: cada vez que hablaba de un árbitro hablaba de política. En Cataluña el presidente del Barça es, probablemente, mucho más influyente y popular que el de la Generalitat, y lo mismo sucede con el Real Madrid y con otros clubs de sitios más pequeños, pequeños caciquillos que no entienden ni papa de fútbol, pero si bastante de marketing y de dinero.

Y luego está la patria. Y los hinchas patriotas que escuchan el himno como las hordas de Braveheart antes de comerse al enemigo entre pan y pan. Igual que el desfile de las Olimpiadas, puro homenaje a la guerra en su sentido más amplio y estético, ¿continuar la política por otros medios? Noooo, continuar el odio al adversario y al vecino. Y el lenguaje bélico que se utiliza: el soldado y el futbolista disparan, unos lo hacen en nombre de su nación y otros en nombre de Nike o de Adidas.

Ya hace tiempo que pienso que el mundo sería mucho mejor si en vez de competiciones por selecciones nacionales se organizaran fiestorros competitivos entre empresas, como la fórmula uno o los spots de empresas químicas que donan dinero para salvar focas, anuncios políticos con ruedas sirviéndose del más bajo sentimiento humano: humillar al contrario. Por eso creo que España, afortunadamente, jamás ganará una mierda como selección, porque a los españoles, desde hace unas décadas, les falta el ingrediente esencial para esta ceremonia del odio y la demostración guerrera victoriosa: nadie se siente orgulloso de nada que tenga que ver con lo grupal y lo colectivo. Los que ganan no son los mejores, sino los que creen que los demás son una puta mierda. El Imperio, por eso siempre Alemania y Francia llegan a la final.

Trapo | Enlace permanente | Categoría: Propaganda

Comentarios

No te preocupes demasiado, que vamos camino de ser una federación... Dentro de nada ya no habrá una selección nacional mediocre, sino muchas. El futbol, como bien dices, siempre ha sido y será política.
Un gran post.

Escrito por Moet a las 22 de Junio 2004 a las 07:48 PM

Hombre, piensa que los juegos olímpicos en su origen se crearon como una alternativa "pacífica" (y mucho más barata)a las batallas . Al igual ocurre con el resto de deportes, por lo que realmente el público asistente no es sino la versión moderna de la misma gente que aclamaba desde la muralla al campeón de la villa cuando le cortaba el gaznate al bestia del enemigo y decoraba con sus tripas el campo de batalla.

Coincido contigo en que el manejo por parte del poder de las victorias (deportivas o no) para atribuírselas como logro, es ASQUEROSO.

Coincido con Moet en que es un gran post.

Escrito por Anonymous a las 22 de Junio 2004 a las 08:36 PM

Muy bueno tu post, tienes toda la razón y después de que eliminasen a España de la Eurocopa y todo el mundo hablase de lo malos que son y de que no valen para nada, tu has dado una visión diferente de todo esto, estoy de acuerdo contigo;)

Escrito por Ainara a las 26 de Junio 2004 a las 02:33 PM
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